Beneficios prácticos de la certificación de sistemas

Aparte de los útiles «efectos secundarios», como los beneficios superficiales y los beneficios fácticos en el mercado, el proceso de certificación señala el camino hacia procesos significativamente definidos en las organizaciones. Este es el núcleo del que se nutre el efecto esencial de las certificaciones. Por supuesto, muchas certificaciones no son necesarias, pero si ya ha recorrido el camino de la certificación, también puede adquirir este «predicado» y beneficiarse de los útiles «efectos secundarios» y del beneficio fáctico en el mercado. Por cierto, la preparación para la certificación es más pesada para aquellas organizaciones cuyos sistemas y procesos no están bien desarrollados. Considere el desarrollo de sus sistemas, guiado por normas probadas, principalmente como una oportunidad para introducir mejoras significativas en el funcionamiento de su organización.

Para entender los beneficios prácticos de un proceso de certificación, es útil examinar más de cerca los sistemas que intervienen en la certificación.

Todas las normas bajo las que se pueden certificar los sistemas sugieren el método Planificar-Hacer-Comprobar-Actuar (Plan-Do-Check-Act-Ansatz (PDCA)), que se remonta a W. Edwards Deming y prevé la retroalimentación. Estas retroalimentaciones aplican sistemáticamente revisiones y ajustes continuos, así como mejoras en la forma de trabajar, garantizando así la eficacia de los sistemas.

Con la ayuda de sistemas diseñados para cumplir las normas, su organización aprende a definir sus procesos, a hacerlos transparentes y a «vivirlos», y a seguir perfeccionándolos para identificar mejor las oportunidades y los riesgos y tratarlos adecuadamente. Su organización se vuelve más predecible y estable gracias a unos buenos sistemas.

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